Algo hermoso que tiene estar trabajando en infantil son los momentos únicos vividos, la genialidad de los pequeños y su ternura, sobre todo cuando los alumn@s se acuerdan de una al ver una flor hermosa y te la traen con todo su cariño. La primavera nos permite disfrutar de las más hermosas especies. Y esta vez, Carmen B. me trajo un ramillete de flores lilas con una cala. ¡Me encantan las calas! aunque la verdad es que no hay flor en la naturaleza que no me guste. Pero tengo que contaros que en mi casa tengo un jarrón enorme con calas blancas. Parecen naturales pero son de un material especial. A mi me encantan porque dan calidez y belleza allí donde las pongas. Además tengo un cuadro con un par de calas. Así que os podéis imaginar cuánto me gustan.
Mirad el ramillete de Carmen:
Es una perfección de flor, ¿a que si?
Aunque ya se lo dije personalmente, se lo repito públicamente desde el blog: ¡¡Carmen Berta, muchísimas gracias, corazón!! Que sepas que lo tengo en un lugar privilegiado de mi casa, donde todos lo pueden ver.
¡¡Ha sido el mejor regalo de la semana!!.
Os dejo una corta poesía de las calas:
Desprenden tanta belleza
que hasta la novia la mima,
tanta elegancia y pureza
que su planta la sublima.
Son las calas que se asoman
al divisar tu sonrisa,
que se giran cual persona
al sentir esa caricia.
Plasmadas quedan inertes
en ese cuadro enmarcadas,
sus pétalos florecientes
las deja toda ensalzadas.
Julia Zapata Rodrigo